Objetivos Generales y Justificación

La historia de América Latina durante las cuatro décadas desde la fundación del Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz ha pasado por fases complejas y paulatinamente ha consolidado culturas de paz en diferentes países de América Latina y el Caribe. En este proceso valores, actitudes, conductas, intercambios e interacciones sociales, políticas e institucionales han promovido agendas basadas en los principios de libertad, solidaridad y cooperación. En la función de los gobiernos de reducir la violencia y prevenir los conflictos, la sociedad y la academia han colaborado, con el fin de encauzar peticiones y acciones mediante el diálogo y la negociación. La meta ha sido garantizar a ciudadanos, pueblos y grupos minoritarios el pleno ejercicio de sus derechos.

No obstante, América Latina sigue siendo la región de mayor desigualdad interna en el mundo, lo que ha generado conflictos nuevos y ha estancado la agenda del desarrollo social, impactando en la participación ciudadana. La generación de condiciones efectivas de sociedades libres, democráticas y pacíficas exige reflexiones creativas para garantizar el ejercicio pleno de los derechos humanos, así como superar la violencia en todas sus facetas, con el fin de promover la participación de todo/as hacia un desarrollo sustentable. Para alcanzar y consolidar la vida democrática plena, es indispensable generar culturas de paz encaminadas a prevenir conflictos, promover la educación para la paz, establecer alianzas estratégicas regionales y locales, así como planificar acciones de corto, mediano y largo plazo en nuestra región.

La región de América Latina y el Caribe está expuesta a diversos riesgos: destacan el severo deterioro ambiental, la agravación de la pobreza, pobreza extrema y desigualdad; la propagación de pandemias; un desequilibrio entre el bienestar de los grupos de elite y el resto de las personas; la explotación de mujeres y hombres de diferentes razas y etnias; la fragilidad del Estado; la baja participación de la sociedad civil organizada; la violencia y el crimen organizados;  la anomia, el individualismo egoísta y la pérdida de la solidaridad y convivencia. Todo ello ha generado conflictos, crisis, vulnerabilidad y miseria. La promesa del desarrollo no ha rendido sus frutos, a pesar de ser una región altamente biodiversa y con vastos recursos naturales, sociales, culturales, históricos, económicos y políticos. 

Un flagelo que afecta gran parte de la región es la red transnacional del crimen organizado del narcotráfico. Ha generado una economía ilegal y ha intensificado la violencia e inseguridad pública en la mayoría de los países de la región, causando decenas de miles de muertos, desaparecidos y desplazados.

La pérdida o el deterioro de los recursos naturales como el agua, las tierras fértiles, los bosques, el aire y los problemas de contaminación han influido en el incremento de procesos migratorios, muchas veces sólo para sobrevivir en cinturones de miseria de las grandes ciudades. Se han abandonado actividades productivas tradicionales, sin lograr un encadenamiento productivo coherente, lo que ha debilitado a las economías a nivel local, provocando concentraciones urbanas no planeadas e insustentables. México, Centroamérica, el Caribe, así como los países andinos están altamente expuestos al cambio climático, a los desastres por inundaciones, sequía, aumento en el nivel del mar, escasez y contaminación del agua, así como la propagación de vectores (dengue, chikungunya, sika).

En aras de enfrentar estos retos múltiples, los Estados latinoamericanos y caribeños han experimentado iniciativas innovadoras que reducen las tensiones entre países vecinos y que permiten la cooperación entre grupos de países en temas ambientales, económicos, comerciales, políticos, sociales, culturales y de seguridad. No obstante, se requiere de ideas innovadoras para enfrentar la complejidad de los retos presentes, las amenazas y conflictos existentes y las emergentes en nuestro subcontinente.

La urgencia en definir líneas sustentables de desarrollo que favorezcan la recuperación de la seguridad pública, el bienestar ciudadano, la vida democrática y los servicios ecosistémicos requiere de ideas frescas e iniciativas desde la sociedad civil y la academia para coadyuvar a los esfuerzos gubernamentales. Requiere ir más lejos que los compromisos contraídos en la 21 Cumbre Intergubernamental de Cambio Climático en París y en la Iniciativa Mérida, a fin de garantizar condiciones de desarrollo de calidad de vida a los seres humanos en sus comunidades y regiones. El 10º Congreso Internacional del Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz, en colaboración con la Universidad Nacional Autónoma de México y con otras instituciones académicas regionales, propone una plataforma de debate interdisciplinario y transversal para intercambiar conocimientos y experiencias que contribuyan a la consolidación de las culturas de paz. Estas culturas de paz incluyen aspectos como desarrollo local y comunitario, equidad e inclusión, gobernanza, sistemas productivos, reducción de la desigualdad y la violencia, mejoramiento de la calidad de vida entre comunidades y grupos sociales, así como modelos de educación para la paz que involucren al conjunto de la sociedad en un planteamiento de desarrollo sustentable, igualitario y con equidad. Los aportes conceptuales y empíricos generados localmente y en diferentes países de América Latina y el Caribe son la base para la generación de políticas públicas que consolidan el bienestar y la paz en nuestra región.