- “Las remesas no son un sector de la economía”
- Se necesita una mirada nueva para el estudio de su impacto en el desarrollo regional
Con una asistencia de cuarenta personas en modalidad virtual y treinta y una en presencial, incluidas autoridades de la próxima administración estatal, tuvo lugar la séptima sesión del seminario Procesos y Actores de la Población 2024: “Migración y remesas en Morelos. ¿Oportunidad o problema para el desarrollo local?”, en la que participaron los doctores Fernando Lozano Ascencio, Marcos Valdivia López y Rodrigo Morales López, investigadores del CRIM UNAM.
Fernando Lozano, también director del Centro, dio la bienvenida a la audiencia y brindó un panorama de las investigaciones a partir de las cuales surgió el tema de la sesión. Desde sus inicios, el CRIM ha dedicado una buena parte de su agenda a la investigación multidisciplinaria de las migraciones humanas, bien sea interna, internacional o en tránsito, así como el impacto de las remesas, entre otras cuestiones. “Nuestro cuerpo académico ha tenido una amplia participación en redes de investigación, congresos y foros nacionales e internacionales […] contando con financiamientos de distintas instituciones y fundaciones […] colaborando de manera importante en la evaluación de programas de gobierno y políticas públicas”, destacó.
Para abordar el tema de la jornada, Lozano Ascencio lanzó una pregunta detonadora: ¿las remesas son una oportunidad o un problema para el desarrollo local/regional? A partir de esto, la presentación se dividió en tres partes. La primera se centró en los debates sobre el efecto económico de la migración, pues los recursos que genera tienen un papel central en el desarrollo económico del país; tan sólo en 2023 las remesas fueron el equivalente del 3.7 % del PIB de México y al 7.5 % del de Morelos. Aunado a estas cifras, en 2020, 8.2 % de las personas nacidas en México residía en otros países. En el caso de Morelos, la cifra fue de 10 % de la población mayor a 18 años.

El director del CRIM también detalló que existen distintas posturas al momento de valorar el impacto de la migración y el ingreso de remesas. Desde una perspectiva pesimista, la migración limita el desarrollo local y regional, lo que a su vez fomenta la migración. En contraparte, la perspectiva optimista —que él destaca— ve en este fenómeno social una ventana para el desarrollo, pues su impacto económico permite, entre otras cosas, el diseño de políticas públicas que la frenen.
Además de estas posturas, existen también dos narrativas opuestas: en primer lugar, la de la criminalización, cuyo discurso se centra en estigmatizar a las personas migrantes como criminales representando una amenaza a la seguridad de los países a donde migran. Esta narrativa de criminalización predomina en los sectores más conservadores de países como Estados Unidos.
La segunda es una narrativa celebratoria que sitúa a las personas migrantes como actores transnacionales, cuyas remesas monetarias y culturales son clave en el desarrollo de sus países. Como ejemplo está el discurso del actual presidente de México, cuando en su rueda de prensa matutina —conocida como “la mañanera”— se refirió a las personas migrantes como héroes y heroínas. No obstante, esta visión, además de celebratoria es utilitarista, pues se centra en la entrada por sí misma de remesas al país y las presenta como un recurso fundamental para “sacar al país de la pobreza”. Esta idea también debe ser cuestionada, por lo que ahora la pregunta es ¿cómo podríamos favorecernos de estos ingresos sin caer en una visión utilitarista?
Se necesita una mirada nueva, distinta, que evite el discurso celebratorio que pone en el centro a las personas migrantes, pues ellas y los recursos que generan no pueden ni deben cumplir con responsabilidades que le corresponden al Estado. También se requiere una nueva metodología, pues el modelo tradicionalmente usado se limita a medir el porcentaje de ingreso que representan las remesas en cuanto al valor agregado bruto, sin considerar su distribución posterior entre las entidades federativas y su impacto sectorial.
Aunado a este cambio metodológico, es preciso entender que los recursos que representan las remesas son privados; es decir, pertenecen a las familias que los reciben: “las remesas no son un sector de la economía”, subrayó Lozano.

Hacia una nueva metodología en el estudio de las remesas
La segunda parte de la sesión fue presentada por el doctor Rodrigo Morales López, investigador del programa de Estudios sobre Desigualdades. Su participación se centró en delinear este nuevo enfoque metodológico basado en el modelo insumo-producto multirregional. Como lo adelantaba Lozano Ascencio, tradicionalmente se analiza el impacto de las remesas en la economía considerando el monto absoluto y su proporción con relación al producto interno bruto (PIB) del país o de los estados. Pero ¿qué tanto repercuten realmente estos ingresos en la disminución de la pobreza en las regiones? ¿Qué tantos beneficios reciben los hogares de la región y qué tanto dependen de estos ingresos?
Si bien los estudios previos no permiten dar respuesta, la nueva metodología propone mediciones adicionales que consideran la demanda de los hogares receptores de remesas a partir de varias bases de datos, como la Matriz Insumo-Producto Multiestatal de México 2018 (MIPME-18) publicada por INEGI, principalmente. Así, se ha visto que el impacto en la generación de ingresos y empleo se da en los sectores y regiones donde se produce aquello que las familias receptoras consumen; de tal manera que, si ese consumo es externo, el ingreso no se queda en la región o el país. Por ejemplo, al estimar el impacto económico derivado de la demanda y oferta por la recepción de remesas, se observa que 83.09 % del ingreso se genera en México.

Ahora bien, de acuerdo con los indicadores tradicionales, Jalisco, Michoacán y Guanajuato son las entidades que reciben más remesas; no obstante, en el análisis de la distribución regional del ingreso se observa que éste no se concentra en dichas entidades, sino en las que tienen la base productiva más fuerte, como Ciudad de México, Estado de México, Jalisco y Nuevo León. En el caso de Morelos, el modelo tradicional sitúa a la entidad en la posición veinte en cuanto a recepción de remesas, con 2.02 %; sin embargo, con la nueva metodología podemos observar que solo se queda con 1.26 % del ingreso generado.
¿Quién aprovecha entonces el ingreso de las remesas? La importancia de saber dónde se da el consumo y la demanda de los hogares receptores de remesas radica en que estos datos pueden servir de insumo para el diseño de políticas públicas que busquen impulsar el desarrollo económico: “se puede orientar la demanda o incrementar la producción en los sectores demandados […] si vemos que las familias receptoras de remesas gastan más en alimentos, hay que incrementar la producción en este sector”, planteó el doctor Morales. En síntesis, el aprovechamiento del ingreso por remesas depende de la estructura productiva de la región.

Por una estructura productiva que no reproduzca la desigualdad
Entonces, tenemos que el modelo tradicional para medir el impacto de las remesas no es suficiente para entender las consecuencias económicas del ingreso de estos recursos en las regiones: “no es que el indicador tradicional esté mal, sino que muestra cosas distintas”, expuso Marcos Valdivia al presentar la tercera parte de la jornada. Este modelo no es suficiente para entender el impacto económico, por eso necesitamos un nuevo enfoque que considere el efecto de la matriz insumo-producto para observar la dependencia regional de las remesas.
Ahora bien, ¿qué entendemos por “dependencia regional”? Es un indicador que también debemos replantear, pues si consideramos esta dependencia vía insumo-producto multirregional en lugar de una perspectiva de impacto al PIB, podemos observar una distribución distinta de las remesas que reconfigura la dependencia de las regiones.
Por ejemplo, de acuerdo con el indicador tradicional, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Nayarit serían las entidades más dependientes de remesas; sin embargo, si lo analizamos a partir del indicador insumo-producto, veremos que están por arriba del promedio en el aprovechamiento del ingreso. Por el contrario, en los casos de Zacatecas y Guanajuato, su porcentaje de remesas constituye 15 % de su PIB, pero el indicador de aprovechamiento está muy por debajo.
En otras palabras, podríamos pensar que las regiones cuyo porcentaje de remesas en el PIB es elevado son las que más se benefician y, por ende, las más dependientes, pero si lo vemos a partir del consumo de los hogares receptores, esto no necesariamente es así: hay otras entidades con un desempeño económico muy importante, como la CDMX y estados turísticos como Quintana Roo y Yucatán, que reciben grandes beneficios a partir del gasto de las familias receptoras.
Vemos pues que, a diferencia de otros ingresos externos como los programas sociales o las exportaciones —cuya repercusión es mucho más focalizada—, las remesas tienen una característica cualitativa que las hace más deseables: se dispersan, y esa dispersión impacta la desigualdad regional, por lo que cabe preguntarse: ¿cómo se dispersan las remesas a nivel sectorial y regional?

Morelos en el aprovechamiento de remesas
Cuando se analiza al estado de Morelos con relación a otras entidades, se observa que los diez sectores con mayor peso en su economía están distribuidos entre dicha entidad y la Ciudad de México. Caso contrario es el de Michoacán y Guerrero, cuya distribución sectorial es principalmente local, lo que les permite obtener una mayor capitalización del ingreso de remesas: “Morelos, Michoacán y Guerrero tienen un impacto similar, según el indicador vía insumo-producto (2.6, 2.5 y 2.4 %)”, detalló Valdivia; no obstante, en el análisis a nivel sectorial se observan cambios significativos en estos porcentajes. Tomemos como ejemplo el sector de hoteles y restaurantes: “para el caso de Michoacán y Guerrero, casi 8 % del valor agregado que genera ese sector proviene del consumo de hogares receptores de remesas, mientras que en Morelos cae al 2 por ciento.”
De esta manera, en el caso de Morelos observamos una dispersión del impacto sectorial significativa, pero también ciertas potencialidades: “Morelos tiene un gran potencial en las industrias creativa y [de] turismo, la agroindustria y los servicios financieros”, y las remesas que llegan a la entidad pueden fungir como catalizador. Si bien su cercanía con la CDMX le coloca en una posición privilegiada, también le ha generado debilidades, como la dispersión del impacto sectorial producido por las remesas, lo que a su vez produce un bajo nivel de dependencia sectorial a estos ingresos que no coadyuva a su especialización.
En conclusión, la nueva metodología permite percibir efectos que no se consideraban desde la perspectiva tradicional y detectar potenciales de desarrollo. El efecto del ingreso de remesas al país es innegable (60 000 millones de pesos aproximadamente); por lo tanto, es necesario pensar en cuáles son los canales que pueden impulsar el desarrollo local/regional.
Además del aspecto económico, no podemos perder de vista otro elemento que trae consigo la migración: las remesas culturales. La transmisión de ideas, valores, capital social y humano, también influye en el desarrollo de las regiones y a veces se subestima su importancia. Las remesas culturales nos recuerdan la necesidad de poner atención a lo local y ampliar nuestra visión del significado de “desarrollo”.
La sesión está disponible para su consulta en: https://youtu.be/HUmfmaaZjKA

